Poema

I

A la sombra de tu cuerpo
me ata la lógica del corazón.
La que nos lleva
de la azucena a la santidad,
de la violeta a la meditación,
del ciprés a la muerte...
Antes me hizo libre. Me explicaba
que es lo mismo un ciervo
que un muchacho de diecisiete años;
que las fontanas son las lágrimas
de las flores muertas sin nacer...

Ahora, no. Ahora
con todas las cosas me ata a ti:
con el sauce, a tu desmayo;
con el aire de las esquinas, a tu roce...

Por ella sé
que el río y el tigre
son sólo la memoria de tu cuerpo;
que las rosas de té,
la música de la lluvia y el empiezo de los crepúsculos,
se hicieron para conmemorar tu mirada
en el beso...
Si!
A la sombra de tu cuerpo,
dormido mi corazón, hecho
presa de un mal sueño...!


II

Pero he aquí que la voz del corazón,
todavía sin palabras,
filtra nuevas verdades,
resplandor de aurora,
humedad en pretil de pozo...
"Vivir es limitarse: tumba, reja;
arráncate del beso y del recuerdo.
El beso es un vampiro que quiere ser arcángel;
pero el recuerdo es la enredadera del espíritu..."
Mediodía. El tiempo está inmóvil
como una cigüeña sobre su zanca;
el alma se pierde entre el ser y el no ser;
la luz color naranja
es una lámina bajo el rulo del silencio...
Dentro de un estanque
hay luces muertas, amortajadas en reflejos...
Y de pronto, la verdad que dice:
"Sobre la sangre, sobre los besos, sobre los sueños,
y los recuerdos;
seamos, ya que no fuertes, imperturbables.
No nos engañe el reflejo:
flotamos sobre espejismo y sobre nada.
Según dice la ciencia de lo oculto:
como la flor de loto sobre el agua..."
Ah! (Dentro, mi corazón, buitre y cadáver,
tu beso y tus palabras..!)

[Manuel Rojas Marcos]

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